Vendo mis productos y los de otros en internet usando texto.

Es algo que, en esencia, es muy simple.

Y precisamente por eso es complejo de narices.

Verás, yo fui uno de esos chavales que “practicó” karate en el colegio, con menos de 10 años.

No me acuerdo de la modalidad. Duré poco y nunca más volví, me distraje con otras cosas.

La verdad es que para ese tipo de disciplina creo que no valgo.

Sin embargo, gracias a mi padre (porque a él le encantan), me aficioné a las películas de artes marciales.

He visto de todo, y le tengo especial cariño a Jackie Chan.

Quizá el tío sea un gilipollas comunista (no tengo ni idea, no le conozco a ese nivel, y además no me importa), pero como profesional del cine y las artes marciales ha hecho historia, y sus películas son para partirse el ojal (más las chinas que las americanas, que como en Hollywood no tenía todo el control, se perdió lo bueno, y él lo ha criticado abiertamente en su país natal).

De hecho se puede decir que ha masterizado (si es que no ha creado y moldeado a su estilo) el concepto de…

“Arte Marcial Cómico”.

Con Jackie, no sabes cómo empieza una pelea de artes marciales, ni tampoco cómo termina.

Podría dedicar decenas de páginas a explicar qué las hace tan geniales (y quizá algún día lo haga), pero es mejor ir al grano ahora.

Entonces, lo que te quiero decir con esto — que es aplicable a las pelis de Jackie Chan, las de Bruce Lee, las japonesas de ninjas y samurais, y hasta las Tailandesas de Tony Jaa, da igual — es que…

Cuando de verdad amas el “arte marcial” que practicas, te esfuerzas, honras a tus oponentes, a ti mismo, y comprendes lo que subyace bajo la disciplina…

(realmente lo comprendes, lo analizas y lo interiorizas y aprecias)

… puedes ser el agua que se adapta a la forma de una tetera.

Y cuando eso ocurre, puedes pelear contra un solo tipo muy poderoso a la vez o contra 15.

Contra un viejo borracho o una mujer más hábil que tú.

O puedes pelear…

… usando una escalera de mano…

… una chaqueta, un vestido, un abanico…

… una tabla, un sofá, la puerta de una nevera…

… una alfombra, una silla, una corbata, un trípode…

… unos palillos, una cuerda, un cuenco de arroz (lleno de arroz)…

… desnudo, trajeado, en calzoncillos, disfrazado de muñeco, de Chun Li…

… entre tablas gigantes de madera o deslizándote por la barandilla de una escalera…

… colgado de un autobús con un paraguas, en una moto, saltando de coche en coche…

Y todo a plena luz del día, sin cambios de plano tramposos ni efectos especiales.

Para mi esa naturalidad, adaptabilidad y sorpresa, son la clave de un gran copywriting de respuesta directa.

Por cierto.

Nada es magia.

No hay trucos.

Y te puede explicar por qué, de nuevo, el amigo Jackie.

Jackie, conocido por repetir él mismo cientos de veces todas las tomas que hiciesen falta para grabar ese “movimiento imposible” en una pelea… siempre dice algo muy interesante.

Y es esto:

Cuando la gente ve lo que hago dice “oh, es que Jackie es muy bueno, esas escenas tan increíbles ocurren porque él es buenísimo”. Y yo les digo “no, Jackie no es tan bueno. Tú puedes hacerlo. La cuestión realmente es…

“¿Tienes la paciencia para hacerlo?”

view pixel

* Al rellenar y enviar el formulario eres consciente de que vas a recibir emails
frecuentes con promociones en tu bandeja de entrada. Tus datos
estarán seguros y jamás se venderán a terceros.

Rafa Moya