Estúpida Basura Punk

Hay una banda francesa que en 1999, a las puertas del cambio de milenio, hizo algo muy raro.

Más o menos la historia es así:

Dos amigos de la infancia flipados por la música electrónica montaron una banda.

Le pusieron el terrible nombre de «Darlin».

(Vaya tela)

Entonces un crítico les hizo una reseña negativa de su música calificándola de…

«Daft Punky Trash»

Y los Darlin, en lugar de amilanarse (me encanta este palabro) decidieron rebautizar a su banda y llamarla…

Daft Punk

A partir de ahí, con el siguiente álbum les empezó a ir de puta madre.

Los críticos ya no se metían con ellos. Al contrario.

Y entonces, los Daft Punk hicieron algo inesperado:

Decidieron ponerse cascos que le tapaban por completo la cara.

No se les veía, no se sabía quiénes eran.

Ni en conciertos, ni en discos, ni nada.

Además, extrañamente, como sintieron que nadie les iba a ver las caras ni les iba a reconocer por la calle, salvo que fuesen ultra-fans demasiado cotillas, harían lo que les diese la gana musicalmente.

¿Resultado?

Con el siguiente disco todo explotó por los aires.

Lo petaron, triunfaron, se pasaron el juego.

Así hasta el 2013, que lo dejaron.

Hoy, todavía son una de las bandas de música electrónica más reconocidas internacionalmente…

… a pesar de que ni tú ni yo sabríamos reconocer a ninguno de los dos gabachos a cara descubierta ni aunque los tuviésemos delante.

¿Por qué?

¿Por qué leches ocurre algo así?

¿Es tan sencillo como taparse la cara?

¿Es tan sencillo como el anonimato?

¿Es siquiera posible replicarlo intencionadamente?

Pues ya lo expliqué usando la historia de un humorista también muy famoso.

Bueno, no.

No de un humorista.

De dos humoristas.

Dos humoristas que, al contrario que Daft Punk, no eran un dúo.

¿O sí?

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