Tú los malcrías y ellos se juntan

Hoy la peque, su madre y yo hemos intentado comer de forma temeraria (sin reserva) en un conocido restaurante «italiano» cuyo nombre empieza por ‘T’.

Siendo el día que es, previo a las fiestas, y un sábado a las 3 de la tarde pues te puedes imaginar cómo estaba aquello.

Preguntamos y nos dice la camarera:

«Sí, os podemos dar mesa pero vais a tener que esperar como 20 o 30 minutos».

Y yo «ah vale, entonces nada, gracias, hasta luego».

Le debió parecer raro que no decidiéramos esperar, y dijo:

«Es que como vais con un bebé… Prefiero decirlo claramente a los padres con niños porque es mucho esperar con la peque y bla bla»

Y yo «ah ok, gracias gracias, lo entiendo, ciao pescao».

Y mientras me estaba yendo con mi pata palo que casi no me daba para subir los dos escalones del restaurante sin desnucarme me puse a pensar…

«Joder, pues menos mal que venimos con una niña pequeña, ¿si venimos solos nos dices que tenemos que esperar 5 minutos en lugar de 20 o 30? ¿Es que así se nos hubiera hecho menos pesado? Vale, es cierto que esperar sin que te grite una criatura que lo que quiere es echarse la siesta y no comer pizza clásica con masa fina es más llevadero, pero asumir que me daría igual esperar 30 minutos para pillar una puñetera mesa aquí es mucho asumir».

Jias.

Y una vez que el espíritu navideño del Grinch con voz de Jim Carrey abandonó mi cuerpo ya volví a pensar con más cerebelo de vendedor en tinta:

«Es curioso como la percepción del tiempo cambia cuando eres padre. Pero lo más curioso es que no solo cambia para ti, la percepción del tiempo también cambia para los que… saben que eres padre en ese mismo momento.»

Otro ejemplo que no tiene que ver con restauración:

Un rato antes estaba probando la Samsung Galaxy Tab Ultra Hyper Screen de Taytantas pulgadas y ha venido el vendedor a preguntarme en qué me podía ayudar.

Ha bastado un grito ensordecedor de la peque que me acompañaba para que el vendedor asumiese que yo, no solo no estaba como para comprar una tablet, sino que no estaba ni como para escuchar el típico discurso pre-venta.

Nos hemos mirado mientras me alejaba del estand, y al tío solo le faltó darme un par de palmaditas en la espalda mientras me decía que él tenía otro peque de 5 años y que con el tiempo la cosa mejora.

En fins.

No sé si mejora o no.

Para mi que la paternidad es como la materia.

Una vez ha llegado, ni mejora ni empeora. Solo se transforma.

Puede ser tan dura a veces que es casi seguro que, de una forma u otra, se convierte en una «debilidad» que puedes explotar hasta en tu marketing.

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